¿Por qué una persona vive natural o normalmente un duelo y otra no?
Muchos factores intervienen para que una persona viva sanamente un duelo. O bien, que lo viva de manera no adecuada, y ello la lleva a prolongar, estancar o atrasar su duelo.
Entre los diversos factores que favorecen un duelo natural o normal se
encuentran los siguientes:
·
Factores relacionales: Tener una sana red de apoyo, es
decir, relaciones que le permitan vivir su duelo: ¿Tiene a su lado una
comunidad de personas que le acompañen? ¿Se siente abrazada por cada una de
ellas? ¿Se le permite desahogarse, llorar, enojarse con total libertad? La red
de apoyo pudieran ser personas cercanas a ellas que comprenden lo que es vivir
sanamente un duelo, o bien, pudieran ser los grupos de apoyo terapéuticos y/o
una relación uno a uno con un terapeuta o tanatólogo.
·
Factores históricos: las personas que anteriormente
han vivido otros tipos de duelos tienen un bagaje de herramientas que les
permiten vivir su nuevo duelo de una manera más natural. Saben lo que se les
presentará, conocen las emociones que llegarán, saben que, aunque no lo quieran
ver así, “todo pasará”.
·
Factores propios de su historia familiar: la manera en que la familia, en
general, afrenta las pérdidas, será de testimonio para el doliente, pues será
su marco de referencia: ¿se les permite hablar del dolor? ¿Se les permite
mostrar sus emociones? ¿Se les abraza cuando lo necesitan?
·
Factores relacionados con su personalidad. En el doliente,
influye grandemente su personalidad, cuya base está en su temperamento. Sabemos que existen cuatro tipos básicos de temperamento
que forjan nuestra personalidad. Y son estos los que afectan nuestra forma de
ver la vida, por lo tanto, estarán afectando directamente nuestra manera de ver
y procesar el duelo. Las personas comúnmente
tienen un temperamento principal y uno secundario (y un poco de los otros dos).
Pero para lo que nos compete aquí, mencionaré brevemente sus características:
a) Melancólico, tiende al pesimismo por naturaleza
y a una emoción de tristeza o melancolía; es analítico, abnegado, dotado y
perfeccionista, con una naturaleza emocional muy sensible, especialmente para
las artes. Tiende hacia sí mismo, a la introspección. En el duelo buscará estar
solo, y como su tendencia es hacia la tristeza, esta pude convertirse en un
obstáculo fuerte para que viva un duelo sano. Sin embargo, su tendencia al arte
pudiera ser una herramienta valiosa para expresar esas emociones de tanta tristeza,
donde se siente defraudado y abandonado por Dios (si es creyente) o por la
vida, ante la pérdida que está viviendo. Ya que pudiera pintar, escribir,
bailar, etc.
b) Colérico, es una persona que “reacciona”
ante las situaciones de la vida; es caluroso, rápido, activo, práctico, voluntarioso,
autosuficiente y muy independiente. Es el tipo emprendedor y líder. Es decidido
y de firmes opiniones, es extrovertido, pero no tanto como el sanguíneo. Hace las cosas “a su manera”. En el duelo buscará “culpa
o culpar” y “enojo” con todo a su alrededor: al sentirse impotente, que no pudo
hacer algo para, sentirá frustración, enojo y culpa.
c) Flemático, es el introvertido, le cuesta
expresar sus emociones. Es calmado, pasivo, tranquilo, nunca se descompone, y
tiene un punto de ebullición tan elevado que casi nunca se enfada. Por ello se dice que a un flemático “se le resbalan las emociones”,
pareciera que la vida no le importa. Como tiende a reprimir sus emociones, hay
que preguntar asertivamente y observar atentamente durante el duelo. Pues
pudiera ser esa persona que pareciera que “no está viviendo el dolor del duelo”,
pero internamente lo vive.
d) Sanguíneo, es el extrovertido (super
comunicativo), por lo tanto, es el sociable e inquieto; le gusta estar rodeado
de personas, frecuentemente ve el lado positivo de la vida. Es
una persona cálida, vivaz y “que disfruta”. Los sentimientos más que los
pensamientos reflexivos le hacen decidir. Siente de manera genuina las alegrías
y tristezas de otra persona y disfruta hacerle sentir especial. Después, fijará
su mirada con la misma intensidad sobre la siguiente persona que encuentre.
En un
duelo, hay que observar que esté validando sus propias emociones, pues tiende a
ir de persona a persona por su tendencia a socializar, olvidándose de sí mismo.
Es importante no encasillar al doliente en cierto temperamento.
Recordemos que puede tener características de los cuatro, pero dos serán los
principales; aun así, el doliente ha recorrido un camino personal, que tal vez
aún no conocemos. Y en este camino haya
podido aprender a encauzar y gestionar adecuadamente su temperamento principal
y secundario. Por ejemplo, el colérico, que tiende a la impaciencia, pudiera
ser ya un hombre o mujer, que consciente de su temperamento, ha logrado no “reaccionar”,
sino responder adecuadamente a las circunstancias de la vida.
El comprender el temperamento del doliente, aun el de uno mismo, nos
aportará herramientas para acompañarle conforme a su propia “naturaleza” sin
querer imponerle patrones que han sido efectivos en otros casos (o en nuestro proceso
personal). Lo que le ha funcionado a un
melancólico probablemente no sea de gran apoyo para el flemático.
Si el doliente identifica su temperamento, podrá también concientizarse
de su tendencia hacia ciertas emociones, y saber que es natural por su
personalidad. Pero, no por ser natural, deba quedarse atorado en ellas, sino al
contrario, las reconoce como parte de él o ella, las vive y las gestiona.
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