Las pérdidas (Teoría del Apego y Teoría Biológica de la pérdida)
“En el duelo siempre hay algo que me saca,
algo a lo que no hubiera querido renunciar, algo que no hubiera deseado perder”
Jorge Bucay
Vivimos en una sociedad que alaba la realidad de todo lo que tengo, tener
para tener más y más, para disfrutar en el hoy esto que tengo. Nos posesionamos en una realidad que pareciera
eterna, que no va a acabar, que la vida es y será por siempre en esta tierra
tal cual yo la soñé y anhelé. Y de pronto, a la vuelta de la esquina nos llega una
o varias pérdidas. Nos tumban nuestro
cuento, y culpamos a la vida de la tragedia.
Y en esa alto abrupto empezamos a observar que la vida pasa rápido, que
las arrugas se hacen presentes en el rostro, que el paso del tiempo está
cobrando su factura. Nos percatamos que la vida acaba y acaba pronto. Hoy estás
y mañana te has ido para siempre, siempre, siempre.
Pero ¿qué son las pérdidas? Podríamos definirla como aquello que tengo,
que poseo, que es mío y luego ya no lo tengo, desapareció, se fue, lo perdí. “…(E)s
algo que teníamos y dejamos o vamos a dejar de tener” (Gaby Pérez Islas)[1]
Teoría del Apego.
Veamos primero como los apegos, generan las pérdidas. Y las pérdidas,
independientemente de su tipo, ocasionarán duelos.
La teoría del apego del Psiquiatra John Bowlby: “La teoría del apego es una forma de
conceptualizar la propensión de los seres humanos a formar vínculos afectivos
fuertes con los demás y de extender las diversas maneras de expresar emociones
de angustia, depresión, enfado cuando son abandonados o viven una separación o
pérdida"[2]
En esta teoría nos encontramos con lazos emocionales
tan fuertes, que cuando son amenazados o desaparecen, se genera una pérdida y
por lo tanto un duelo: por ejemplo, ante una relación de “apego” madre e hijo,
cuando la madre llegase a dejar al hijo solo por un rato, el hijo puede entrar
en pánico, con gritos excesivos, llanto incontrolable, reacciones que generan
una respuesta considerada no-normal. Pero otro ejemplo más contundente, sería la
muerte de esta madre aquí mencionada. En
este caso, el hijo entraría en un duelo, donde se tendría que trabajar desde
las raíces del apego.
Las reacciones emocionales, en una relación de apego, son directamente
proporcionales al apego hacia la figura de apego. Comúnmente para los niños se da con su
cuidador primario. Y no solo se da en el contexto de que esa figura de apego
satisfaga mis sus necesidades primarias básicas, sino también estos apegos pueden
generar una dependencia completa hacia esta persona: buscando en ella la
satisfacción emocional. Esta forma de
relacionarse con el/los cuidadores primarios establecerán las bases para los
apegos futuros que la persona desarrollará con amigos, pareja, etc.
Si fue una fuente de apego sana, fortalecerá las relaciones futuras. Si
hubo una fuente de apego que no ofrecía una seguridad constante, sino una
dicotomía entre seguridad e inseguridad, generará relaciones no-seguras en el
futuro.
Teniendo esto en mente, es importante que el tanatólogo acompañe a la
persona conociendo su relación con la persona fallecida, o la persona que ya no
está presente en su vida, en caso de separación:
·
¿Cómo es tu apego?
·
¿Estilos de apego?
·
¿Cuál es el tipo de influencia que tiene en tus
relaciones actuales?
·
¿Qué pasa cuando desaparece “esa figura segura”?
Recordemos que este apego no es solo fisiológico, sino también se genera
desde un vínculo afectivo, donde se busca cariño afectivo y emocional;
seguridad y protección.
Considerando la teoría biológica de las pérdidas.
Hay procesos biológicos primitivos, referentes a las pérdidas, que compartimos con otras especies, como por ejemplo la tristeza que expresamos ante la separación de un ser querido: por ejemplo, las orcas y los delfines, estas especies han mostrado manifestaciones similares de duelo: cierta “tristeza” por el compañero perdido mostrándose a través de una búsqueda constante por el compañero que murió, dejar de comer, etc. En la red biológica de los seres vivos se encuentran esos rasgos primitivos que caracterizan el duelo.
Y por otra parte, nuestra naturaleza envejece: llegará la pérdida de nuestra
salud física, nuestro cuerpo no nos responderá como antes; aparecerán las canas
y las arrugas. Nuestros sentidos empezarán a perder vigor. Sistemas y funciones
de nuestro cuerpo "irán acabándose". También esto será parte de las pérdidas
fisiológicas y biológicas que hemos de vivir. La muerte de nuestra lozanía.
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