La muerte y yo

                                                     

 "La vida cambia de prisa. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba" Joan Didion


¿Quién diría que tu muerte me obligara a escribir? Una muerte que me obligó abiertamente a buscar de donde asirme. El día uno, ese día fatídico donde mi vida cambió para siempre, siempre, siempre, voltee al Cielo y clamé, "No me dejes sola porque de esta no salgo si tú no estás conmigo. Estoy viviendo mi peor pesadilla y sola no podré". La muerte. La muerte tocó a mi puerta. Así, sin querer. Como lo cita Joan Didion, en su maravilloso libro, El Año del Pensamiento Mágico: "La vida cambia de prisa. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba".

Así llegó, de improviso, sin ser invitada, sin ser esperada. Y se llevó mi vida completa. Lo tocó en su hombro y le pidió que lo acompañará. Mi amado esposo se levantó y la siguió, era el momento. Era el tiempo. Y no se llevó nada, bueno, más bien, se lo llevó todo. Con él se fue todo mi proyecto de vida, nuestros sueños, nuestros anhelos; los viajes, las visitas, las risas, los cafés compartidos, en fin, se fue todo con él. Y murió una parte de mí que jamás recuperaré, esa parte de mí que era ser su esposa, su amiga, su amante, su compañera de aventuras, su musa, su princesa, su cómplice, aquella que le trastocaba la vida y el día. Y en medio de la profunda oscuridad que me deja tu partida, aferrándome a mi religión, fuertemente abrazada al Dios de la vida, he llegado a involucrarme con aquella que a todos nos espera a la vuelta de la esquina, ¡me he topado cara a cara con la muerte!

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